la tormenta ya había pasado, era temprano en la mañana, hacìa frìo, el cielo era gris, hùmedo. el olor de los cadáveres se seintía fuerte en el aire. él era el único sobrevibiente.
sólo, en ese inmenso barco, solo agua a la vista, sangre en el piso, en las paredes, en sus manos, sangre de otros y la suya propia.
era extraño, pero la tranquilidad del mar, le aportaba cierta calma, aun entre todos esos cadáveres. recorrió lentamente la cubierta y vió los cuerpos tendidos en el suelo, desmembrados, desfigurados. las expresiones de sus caras se grababan en su cabeza.
y entonces penso en subir a la torre mas alta y lanzarse. ¿que mas daba? de todas formas no podía con ese buque el solo, estaba a la deriba en un pedazo de madera gigante. e incluso, si se quedaba ahí, moriría a los 3 dias, víctima de la pudredumbre de los cuerpos sin vida que no podia quemar ni arrojar por la borda.
sabía que nadie lo extrañaría. no tenía mujer, nunca la había tenido ni la tendria, y su familia habia muerto.
con lo poco que le quedaba de fuerzas subio por el mástil, dio una última mirada al horizonte oscuro y se arrojó.
mientras caia vio todo lo que le quedaba de vida, y se arrepintió... pero ya nada podia hacer.